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Constelaciones con Mari

Cómo hacer constelaciones familiares uno mismo

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Publicado el · 9 min de lectura

Una silla de madera vacía frente a dos hojas de papel en el piso de una habitación luminosa, con un cuaderno apoyado en el asiento

Sí, puedes hacer constelaciones familiares tú misma o tú mismo, y para temas de todos los días funciona bastante bien como primera mirada. Lo que no sirve es constelar sin compañía un trauma o un duelo reciente. Tampoco una decisión urgente. La dificultad grande es que haces de tres personas a la vez: la que pregunta, la que ocupa los lugares y la que guía. Aquí te cuento cuándo vale la pena y cuándo no. Al final te dejo un ejercicio de 25 minutos pensado justo para separar esos tres papeles.

¿Qué es la autoconstelación?

Es una constelación familiar que haces sin nadie al lado. Pones en el piso, o sobre una mesa, a las personas de tu familia que tienen que ver con lo que te pasa, con hojas o muñecos, y vas pasando por cada lugar para ver qué sientes ahí.

Se confunde mucho con la constelación individual. La individual es una sesión a solas con una persona que guía. Casi todos los resultados de Google sobre "constelar sola" hablan de eso. La autoconstelación es otra cosa: nadie te guía.

Si buscas la sesión completa, con todos los pasos, está en cómo hacer una constelación familiar en casa. Este artículo es sobre la pregunta anterior: si tiene sentido hacerla sin nadie, y cómo cuidarte.

¿Cuándo sirve constelar uno mismo?

Sirve cuando el tema te molesta pero no te desborda. Por ejemplo, cuando te das cuenta de que siempre terminas cuidando a todos en las reuniones familiares. O cuando te cuesta cobrar lo que vale tu trabajo y sospechas que tiene que ver con cómo se hablaba del dinero en tu casa. También cuando discutes por lo mismo con tu hermana cada vez que se ven en un cumpleaños.

En esos casos, ver el dibujo de tu familia en el piso suele mostrar algo que en la cabeza no aparecía. Alguien que quedó lejos. Una persona que mira hacia afuera. Tú misma, o tú mismo, en un lugar que no es el tuyo.

También sirve como preparación. Mucha gente hace una autoconstelación antes de ir a un taller, y llega con una pregunta mucho más clara. Eso ya ahorra media sesión.

¿Cuándo no conviene hacerla sola o solo?

No conviene cuando el tema tiene que ver con abuso o violencia. Tampoco si hubo un suicidio en la familia. Tampoco con una muerte de hace menos de un año, ni si estás pasando por una depresión o una crisis de ansiedad. No lo digo por exagerar. Lo digo porque en esos temas una constelación puede abrir recuerdos y sensaciones muy fuertes. Estar sin compañía en tu sala, sin nadie que te ayude a cerrar, es mala idea.

Tampoco la uses para decidir algo. "¿Dejo a mi pareja?" no es una pregunta para constelar en casa. La constelación muestra cómo están las cosas por dentro, y eso puede ayudarte a pensar, pero la decisión se toma con la cabeza fría, días después.

Y hay una señal más personal. Si al escribir la pregunta ya te tiembla la mano, ese tema todavía está demasiado cerca para mirarlo sin compañía.

¿Qué cambia cuando no hay nadie guiando?

Cambia que nadie te frena. En un taller, quien guía te dice "espera, no muevas eso todavía" o "fíjate que hablas de tu madre como si fuera tu hija". Sola o solo, cuando algo incomoda, lo más natural es arreglarlo rápido para que deje de incomodar.

Lo veo seguido en la gente que me cuenta sus autoconstelaciones. El primer dibujo, el que sale sin pensar, suele ser muy revelador. Después empiezan a mover hojas hasta que todos quedan mirándose en círculo, y terminan con un dibujo lindo que no les dice nada.

La forma que encontré de compensar esto es separar físicamente los papeles. Una cosa es el lugar donde sientes y otra el lugar donde miras. Para eso sirve una silla.

El ejercicio de la silla del observador

Te lleva unos 25 minutos. Necesitas dos hojas de papel con un marcador. También una silla y un cuaderno.

  1. Escribe tu pregunta arriba del cuaderno. Que sea corta y tenga un "yo" adentro: "¿Qué me pasa con mi padre cuando le va bien a mi hermano?".
  2. Escribe "yo" en una hoja y, en la otra, el nombre de la persona que más tiene que ver con tu pregunta. Dibuja una flecha en el borde de cada una, para saber hacia dónde mira.
  3. Pon la silla contra una pared. Esa es la silla del observador: desde ahí solo se mira y se anota, nunca se siente.
  4. Sin pensar mucho, pon las dos hojas en el piso frente a la silla, como te salga.
  5. Siéntate en la silla y describe el dibujo en el cuaderno en tercera persona: "Ella está a dos pasos de él. Él mira hacia la ventana".
  6. Levántate y párate sobre tu hoja un minuto entero. No anotes nada. Solo nota qué pasa en el cuerpo.
  7. Vuelve a la silla y escribe, también en tercera persona, lo que sentiste: "Cuando ella está en su lugar, le pesan los hombros".
  8. Párate sobre la otra hoja un minuto. Vuelve a la silla y anota lo mismo.
  9. Desde la silla, pregúntate: ¿qué necesitaría cambiar en este dibujo? Si la respuesta es clara, levántate, mueve una sola hoja un paso y vuelve a pararte en las dos.
  10. Al final, párate en tu hoja y di una frase que sea verdad, aunque sea pequeña: "Te veo", "Esto es tuyo" o "Todavía no puedo".
  11. Levanta las dos hojas y dóblalas. Deja la silla en su lugar. Lee lo que escribiste en tercera persona como si fuera la historia de otra persona.

Qué suele pasar

Escribir en tercera persona da una distancia que sorprende. Mucha gente lee sus notas y piensa "si una amiga me contara esto, le diría que está cargando con algo que no es suyo". Eso que le dirías a otra persona es, a veces, lo que viniste a ver.

Si no sientes nada al pararte en las hojas, quédate con lo que viste desde la silla. El dibujo cuenta bastante aunque el cuerpo no diga nada.

El error más común

Escribir desde la silla lo que sentías parada o parado en la hoja como si fuera la verdad sobre el otro. "Él no me quiere" no es una observación. "Cuando ella está en su hoja, siente que él no la mira" sí lo es. La diferencia parece chica. Pero con la primera frase te quedas con un culpable, y con la segunda te quedas con algo para mirar.

Cuándo no hacerlo sola o solo

Si al pararte en una hoja te mareas, te falta el aire o vienen recuerdos que te asustan, sal de la hoja, siéntate en la silla y apoya los pies en el piso. Ese día no sigas. Si te vuelve a pasar con el mismo tema, hazlo con alguien que guíe.

Pongamos que Martín, 52 años, profesor de música, hace este ejercicio con la pregunta "¿Por qué me enojo tanto cuando mi hermano menor pide ayuda a mamá?".

Pone su hoja y la de su madre. Le sale la de él delante de la de ella, de espaldas, como tapándola. Desde la silla escribe: "Él está parado entre su madre y la puerta, como un guardia". Cuando se para en su hoja siente la espalda dura. En la hoja de su madre siente algo inesperado, ganas de que él se corra.

Martín se ríe solo en la sala. Mueve su hoja un paso al costado, de frente a ella, y dice: "Mamá, yo soy tu hijo, no tu cuidador". No llama a su hermano ni a su madre esa semana. Lo que nota, un mes después, es que en el siguiente almuerzo familiar no se ofrece a resolver lo que nadie le pidió.

¿Cómo saber si te estás engañando?

Hay cuatro señales que conviene mirar con honestidad. La primera es que el dibujo final siempre te queda lindo. La segunda, que todas tus autoconstelaciones terminan con la misma conclusión, por ejemplo que la culpa es de tu padre. La tercera, que sientes una euforia enorme al terminar, como si hubieras resuelto tu vida en media hora. La cuarta, que corres a contárselo a la familia.

Si te reconoces en dos o más, para un tiempo. No pasa nada malo: estás usando el ejercicio para confirmar lo que ya pensabas. Lo que suele ayudar es cambiar de método. Si constelas con hojas, prueba con muñecos sobre una mesa, que dan más distancia, o con cartas asociativas, que te muestran imágenes que no elegiste pensando.

¿Qué hago si me quedo mal después?

Es normal sentirse cansada o cansado, o algo triste, el resto del día. Come algo, sal a caminar, haz una tarea manual. No te pongas a buscar en internet qué significa lo que sentiste.

Si la sensación dura más de dos o tres días, o te cuesta dormir, deja de constelar ese tema por tu cuenta y habla con un psicólogo. Una autoconstelación nunca reemplaza una terapia, y saber cuándo parar es parte de hacerla bien.

Si quieres seguir con ejercicios más cortos, en la sección de ejercicios hay varios para hacer sin nadie al lado. Y si prefieres un camino ordenado, de pocos minutos por día, es lo que armé en el cuaderno Soltando Cargas.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo autoconstelación que constelación individual?

No. La constelación individual es una sesión a solas con una persona que guía, sin grupo. La autoconstelación la haces tú, sin nadie, y tú misma o tú mismo decides cada paso.

¿Necesito haber ido antes a un taller?

No es obligatorio, pero ayuda mucho. Si alguna vez viste una constelación con otras personas, sabes cómo se ve que alguien ocupe un lugar, y eso hace más fácil hacerlo en casa.

¿Puedo constelar a una persona viva sin que lo sepa?

Puedes mirar tu relación con ella, que es lo único que te corresponde. Lo que no tiene sentido es constelar para que el otro cambie o para "mandarle" algo. Eso ya no es mirar tu lugar.

¿Y si me invento lo que siento en cada lugar?

Va a pasar un poco, sobre todo al principio. Por eso el ejercicio de este artículo separa el lugar donde sientes del lugar donde observas. Si igual te parece que todo lo armaste tú, quédate con el dibujo que hiciste a ciegas, que es lo más difícil de inventar.

¿Tiene base científica constelar uno mismo?

No hay estudios sobre la autoconstelación en particular, y la evidencia sobre las constelaciones en general es poca. Úsala como una forma de mirarte, no como un tratamiento. Si lo que te pasa te impide dormir o trabajar, eso va con un profesional.

Foto de Mari

Escrito por Mari

Mari escribe sobre constelaciones familiares desde lo que vivió con su propia familia. Es la autora de Soltando Cargas, un cuaderno de ejercicios para soltar lo que se hereda.

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