Saltar al contenido
Constelaciones con Mari

Cómo sanar el linaje femenino y lo que heredaste

Por
Publicado el · 9 min de lectura

Tres pares de manos de mujeres de distintas edades, una abuela, una madre y una hija, sostienen juntas una foto vieja en blanco y negro

Sanar el linaje femenino, dicho en simple, es mirar lo que pasó de tus abuelas a tu madre y de tu madre a ti, y quedarte con lo que te sirve. La fuerza para salir adelante sola, por ejemplo, puede quedarse. La idea de que una mujer no tiene derecho a estar cansada, mejor devolverla. Yo lo vi en mí con el dinero: lo manejaba con el mismo miedo que mi mamá y que mi abuela, que crió a sus hijos con lo justo. Aquí te cuento qué es el linaje femenino, qué suele pasar de una generación a otra, un ejercicio para hacer en casa y qué cantos pueden acompañarlo.

¿De qué mujeres hablamos cuando decimos linaje femenino?

Es la línea de mujeres que te dio la vida: tu madre, tus dos abuelas, tus bisabuelas. Cuando la gente habla de linaje femenino casi siempre piensa en la línea de la madre (madre, abuela materna, bisabuela materna), y está bien empezar por ahí. Pero tu abuela paterna también es parte, aunque a veces se la deje afuera.

En las constelaciones familiares no se trata de un concepto aparte. Es una forma de mirar una parte del sistema familiar, la de las mujeres, porque muchas cosas se transmiten por ahí con mucha fuerza: cómo se vive el cuerpo, la maternidad, el dinero, la relación con los hombres, el permiso para descansar.

Y no es solo de mujeres. Si eres hombre, también vienes de esas mujeres. A muchos hombres les sirve mirar su línea femenina para entender, por ejemplo, por qué sienten que tienen que hacerse cargo de su madre como si fueran su pareja.

¿Qué se hereda de las mujeres de la familia?

Lo que más veo pasar de abuelas a nietas es lo que no se pudo decir. Una abuela que se casó sin querer. Una bisabuela que perdió hijos y no lloró a ninguno en público. Una madre que dejó de estudiar porque "no era para mujeres". Nadie te lo cuenta, pero tú creces respirándolo.

Hay frases que escucho seguido en los talleres y que casi siempre vienen de la línea femenina. "Tengo que poder sola con todo". "Los hombres se van". "Si me pongo primero, soy egoísta". O una que me tocó a mí de cerca: "No me merezco descansar hasta que todo esté hecho". Mi abuela no la decía, la hacía, y mi mamá la heredó sin discutirla.

Si te reconociste en alguna, fíjate en quién de tu familia la dijo primero, o la vivió sin decirla. Muchas veces aparece una abuela concreta.

Hay una parte de esto que se explica sin nada de constelaciones: aprendemos mirando a nuestra madre, y ella aprendió mirando a la suya. Lo que el enfoque sistémico agrega es la idea de las lealtades invisibles. A veces una mujer repite el destino de su abuela por amor, para no traicionarla, aunque le duela. No se permite una pareja feliz porque su abuela no la tuvo.

¿Por dónde se empieza?

Se empieza averiguando. Pregunta a tu madre, a una tía, a una prima mayor. ¿Cómo se conocieron tus abuelos? ¿Tu abuela quería casarse? ¿Cuántos hijos tuvo y cuántos sobrevivieron? ¿Trabajaba? ¿Qué le daba miedo? Las respuestas suelen sorprender.

Después viene algo que suena simple y no lo es: mirar a esas mujeres como fueron, no como te habría gustado que fueran. Tu madre no te dio todo lo que necesitabas. Quizás tampoco lo recibió. Eso no justifica nada, pero ayuda a dejar de esperar.

Y al final, lo que más cuesta: vivir algo distinto sin sentir que las traicionas. Si tu abuela no pudo estudiar y tú terminas una carrera, no le estás quitando nada. Puedes incluso hacerlo con ella en mente. Para la relación con tu madre en concreto, hay un ejercicio aparte: sanar con mamá en casa.

La fila de mujeres

Te lleva unos 25 minutos. Necesitas cuatro hojas, un marcador y, si tienes, una foto de alguna de ellas.

  1. Escribe tu nombre en una hoja. En otra, el nombre de tu madre. En otra, el de tu abuela materna. En la última, el de tu bisabuela, o solo "bisabuela" si no lo sabes.
  2. Pon las hojas en fila en el piso, una detrás de otra, separadas por un paso. La tuya adelante.
  3. Párate en la hoja de la bisabuela, mirando hacia adelante, hacia las demás. Quédate un minuto. Fíjate qué sientes en el cuerpo: cansancio, tristeza, fuerza.
  4. Pasa a la hoja de la abuela y haz lo mismo. Después a la de tu madre.
  5. Llega a tu hoja. Date vuelta y míralas a las tres.
  6. Di en voz baja: "Ustedes vinieron antes. Gracias por la vida que me llegó a través de ustedes".
  7. Si sientes que cargas algo de alguna (un miedo, una tristeza, una forma de vivir el amor), dile mirando su hoja: "Esto es tuyo. Te lo dejo con respeto".
  8. Vuelve a darte vuelta, de espaldas a ellas, y quédate un minuto sintiéndolas detrás.
  9. Si quieres, canta en voz baja algo que cantaba alguna de ellas. Si no sabes ninguna canción, tararea.
  10. Junta las hojas en orden y guárdalas. Escribe en la tuya una frase sobre lo que notaste.

Qué suele pasar

Es común que en una de las hojas el cuerpo pese más, o que te cueste pararte en la de alguna. Muchas mujeres se emocionan en el paso 8, al sentir a las tres detrás. Si no sientes nada, no lo hiciste mal: anota igual en qué hoja te quedaste menos tiempo.

El error más común

Pararte en la hoja de tu madre y empezar a pasarle factura. Pasa mucho. Si te ves haciendo eso, sal de la hoja, respira y vuelve otro día. Este ejercicio es para ver de dónde vienes, no para juzgar a nadie.

Cuándo no hacerlo sola o solo

Si en tu línea de mujeres hubo abuso, violencia o una muerte reciente, o si estás en una crisis, hazlo con una profesional o un profesional al lado.

Pongamos que Valeria, 34 años, maestra, hace la fila de mujeres porque cada vez que se enferma se siente culpable de no poder con todo.

En la hoja de la bisabuela no siente casi nada; sabe muy poco de ella. En la de la abuela le pesan las piernas. Recuerda que su abuela trabajó lavando ropa ajena hasta los setenta años y que jamás se quejó. Al decir "esto es tuyo, te lo dejo con respeto" se le escapa una risa nerviosa. Una semana después, con gripe, falta al trabajo dos días. Le cuesta, pero lo hace, y esta vez no le manda a la directora un mensaje pidiendo perdón.

¿Hay canciones para sanar linaje femenino?

Las mejores canciones para este trabajo son las que cantaban las mujeres de tu familia. Una canción de cuna de tu abuela, lo que tu madre tarareaba cocinando, una canción de misa que tu bisabuela sabía de memoria. Esas melodías ya traen la historia adentro. Ninguna lista de internet trae eso.

Si no recuerdas ninguna, pregunta. A muchas personas esa sola pregunta les abre una conversación con su madre que no tenían hacía años.

Si buscas canciones conocidas, hay dos que uso a veces en talleres y que sé de dónde vienen. "Arrorró mi niño" es una canción de cuna tradicional, sin autor conocido, que se canta en casi toda América Latina; es muy probable que alguna mujer de tu familia te la haya cantado. "Gracias a la vida", de la chilena Violeta Parra, sirve para el momento de agradecer, aunque no se escribió pensando en el linaje.

También puedes armar tu propio canto, y no hace falta saber cantar. Elige una melodía simple que conozcas, aunque sea una canción infantil, y cambia la letra por los nombres de las mujeres de tu línea: "María, Elena, Rosa, yo". Cántalo bajito, varias veces, frente a sus fotos o a las hojas del ejercicio. Si se te quiebra la voz en un nombre, quédate ahí un momento. Ese nombre te está diciendo algo.

Desconfío de las canciones o mantras que prometen "limpiar" tu línea en minutos. Pueden relajarte, y si te gustan, úsalos. Pero lo que yo veo mover algo en la gente es cantar algo que tiene que ver con su propia historia, con nombres y voces reales.

¿Y si no conocí a las mujeres de mi familia?

El ejercicio sirve igual. Pon las hojas con "madre", "abuela", "bisabuela", aunque no tengas ni el nombre. La vida te llegó a través de ellas de todos modos. Si te crió otra mujer, una tía, una madre adoptiva, una vecina, puedes agregar una hoja al costado con su nombre y decirle: "Tú me cuidaste. Gracias". En el enfoque de las constelaciones, las dos tienen su lugar.

Si lo que te pesa es más la línea del padre, sigue con la abuela paterna y el linaje paterno. Si quieres ver todo el trabajo con la familia de más atrás, está en el artículo sobre el linaje familiar completo, y si notas que lo que se repite es una conducta concreta, lee cómo romper patrones familiares. En Soltando Cargas hay ejercicios para seguir con esto por escrito, uno por día.

Preguntas frecuentes

¿Los hombres también tienen linaje femenino?

Sí. Tu madre, tu abuela materna y tu abuela paterna también son tu historia si eres hombre. El ejercicio sirve igual, y muchos hombres descubren con él de dónde les viene la dificultad para mostrarse cansados o pedir cuidado.

¿Qué canciones sirven para sanar el linaje femenino?

Las que cantaban las mujeres de tu familia, antes que cualquier lista de internet. Una canción de cuna de tu abuela dice más de tu linaje que un mantra que nunca escuchaste en tu casa. Si no recuerdas ninguna, pregunta.

¿Tengo que llevarme bien con mi madre para hacer esto?

No. Puedes estar peleada o peleado con ella, no hablarle hace años o no haberla conocido. Lo que miras es la línea de mujeres que te dio la vida, no si la relación de hoy es buena.

¿Sirve hacerlo en un círculo de mujeres?

Puede ayudar a sentirte acompañada, sobre todo en los cantos. Fíjate que quien lo guía no te diga qué le pasó a tu familia ni te empuje a perdonar algo grave. Si eso pasa, sal de ahí.

¿Puede removerme cosas difíciles?

Sí. Si en tu línea de mujeres hubo abuso, abortos de los que nunca se habló o muertes en el parto, el ejercicio puede traer mucho. Hazlo con calma y, si te supera, con una psicóloga o un psicólogo al lado.

Foto de Mari

Escrito por Mari

Mari escribe sobre constelaciones familiares desde lo que vivió con su propia familia. Es la autora de Soltando Cargas, un cuaderno de ejercicios para soltar lo que se hereda.

Conoce a Mari y cómo escribimos este blog

Sigue leyendo